
Se llama verbo a una clase de palabras de inventario abierto que funcionan como núcleo del SP. Frente a sustantivos, adjetivos o adverbios, el verbo tiene la particularidad de poder representar por sí solo a toda la oración sin necesidad de otras unidades; así ocurre en: Llovía, Venid, Voy.
Esto es así porque el verbo contiene los dos componentes fundamentales de la oración: sujeto y predicado. En efecto, el verbo combina un signo de referencia léxica y un signo complejo de referencia gramatical (con significado, entre otros, de persona, que es el sujeto gramatical). Ambos signos se presuponen mutuamente y son imprescindibles para que haya verbo. Sus respectivos significantes no siempre son separables: con cierta frecuencia se hallan amalgamados.
La división de los significantes verbales en segmentos menores lleva a separar lo que se conoce como raíz (el contenido léxico), característica (lo que expresa los morfemas exclusivamente verbales) y desinencia (lo que representa los morfemas de número y persona propios del sujeto gramatical). Suele aludirse al conjunto de raíz y característica con el término de tema.
Como no siempre es posible aislar los tres componentes, es más seguro limitarse a dos: la raíz (contenido léxico) y la terminación (conjunto de contenidos gramaticales).
El conjunto de significantes diversos que resulta de combinar una raíz con las variadas terminaciones constituye la conjugación de un verbo. Aunque los significados gramaticales de cada forma son constantes (p. ej.: imperfecto de indicativo es siempre imperfecto de indicativo), sus respectivos significantes pueden cambiar (p. ej.: -aba unas veces, y otras -ía). De esta diversidad se desprende que existen varios tipos de conjugación verbal. Según sus terminaciones, los verbos se distribuyen en tres tipos de conjugación. Para designar el conjunto de formas de la conjugación de un verbo, se utiliza el significante del infinitivo: cantar, comer, vivir, son los paradigmas de la primera, segunda y tercera conjugación respectivamente. La conjugación verbal puede ser regular, si no hay alteraciones en la raíz ni en la terminación en ninguna de sus formas, o irregular, cuando se producen alteraciones en la raíz o las terminaciones de alguna de sus formas.
La Real Academia Española ofrece en su sitio Web la conjugación completa de las formas simples de todos los verbos, regulares e irregulares, que aparecen en la edición de 2001 de su Diccionario.
En la terminación verbal se manifiestan variaciones de los morfemas de persona y número, que cumplen la función de sujeto gramatical y hacen referencia al sujeto lógico. Los morfemas de persona y número no son exclusivos del verbo sino que los comparten con los pronombres personales.
El morfema de persona hace alusión a uno de los entes que intervienen en un acto de comunicación. El verbo lleva primera persona cuando el hablante coincide en la realidad con el ente a que se refiere el sujeto gramatical; se habla de segunda persona cuando lo denotado por el sujeto gramatical coincide con el oyente; se considera que hay tercera persona cuando la referencia del sujeto gramatical no coincide ni con el hablante ni con el oyente. Esta tercera persona se manifiesta también cuando no interesa o no se puede puntualizar en la realidad la referencia del sujeto gramatical; en este caso no hay sujeto explícito. Así pues, la tercera es la persona cero, la no marcada, la que posee en menor medida la referencia personal.
El morfema de número es solidario con el de persona dentro del verbo. La oposición singular/plural en el morfema de número verbal es de índole distinta a la del sustantivo: cantamos, en plural, no se refiere a un conjunto de varias primeras personas, sino que su sujeto gramatical abarca simultáneamente la referencia a la primera persona y a otras personas no primeras; cantáis denota la segunda persona del oyente junto con otras; sólo cantan alude a un conjunto de terceras personas, de modo semejante al del plural de los sustantivos.
Dejando aparte, pues, persona y número, que no son exclusivamente verbales, quedan otros morfemas que oponen entre sí las diferentes variaciones de la conjugación del verbo; son: anterioridad, modo, perspectiva (tiempo) y aspecto.
Si comparamos las formas simples con las formas compuestas de la conjugación verbal, en las que se funden una forma del verbo haber y un participio, observamos que las compuestas señalan respecto de las otras un contenido de anterioridad.

Dejando aparte el imperativo y las formas no personales, el resto de las formas verbales se reparte en dos grupos dependiendo de su compatibilidad con las modalidades del enunciado:
Uno reúne las formas compatibles con la modalidad interrogativa: cantas, cantabas, cantaste, cantarás y cantarías.
El otro engloba las que carecen de esta posibilidad: cantes, cantases, cantaras y cantares.
También se han distinguido ambos grupos por su diferente dependencia sintáctica en las oraciones subordinadas: de un lado las que aparecen en:
Creo que viene,
Creo que venía,
Creo que vino,
Creo que vendrá,
Creo que vendría,
y de otro las que ocurren en:
No creo que venga,
No creo que viniera,
No creo que viniese.
Se trata de los modos denominados indicativo y subjuntivo respectivamente. También se ha utilizado el término condicional o potencial para denominar el modo particular de la forma cantarías. Pero, puesto que su comportamiento combinatorio es análogo a las formas del indicativo y sus peculiaridades son compartidas con la forma cantarás, también incluida en el indicativo, será más razonable dejar a las dos dentro de ese modo, o bien segregar a ambas (futuro y condicional) en un modo especial intermedio entre el indicativo y el subjuntivo.
Por otra parte, estos dos criterios no son suficientes a veces para explicar el comportamiento de los dos modos. En ocasiones es exclusivamente la libre elección del hablante la que determina la elección de un modo u otro. Compárense las siguientes oraciones:
Aunque ganas, ese negocio no es bueno.
Aunque ganabas, ese negocio no era bueno.
Aunque ganarás, ese negocio no es bueno.
Aunque ganarías, ese negocio no es bueno.
Aunque ganes, ese negocio no es bueno.
Aunque ganaras, ese negocio no era bueno.
En la primera pareja, la ganancia se considera real, en la segunda se estima posible y en la tercera la ganancia se manifiesta como ficticia (es decir, el hablante cree que lo real es que no se gana). Este triple enfoque depende exclusivamente de cómo considera el hablante los hechos, esto es, de su actitud al evaluar el grado de realidad que atribuye a los hechos denotados.
Por consiguiente, el significado del modo queda configurado gramaticalmente en tres zonas diferenciadas por significantes distintos:
| La de los hechos estimados reales o cuya realidad no se plantea por ser indiferente en la situación del hablante. | La de los hechos cuya realidad es factible siempre que se cumplan ciertas condiciones. | La de los hechos ficticios, cuya eventual realidad se ignora o cuya irrealidad se juzga evidente (hechos que se imaginan, se desean, se sospechan, etc. |
| Indicativo | Condicional | Subjuntivo |
| Cantas, cantabas, cantaste, con sus variaciones de persona y número | Cantarás, cantarías, con sus variaciones de persona y número | Cantes, cantaras, cantases, cantares, con sus variaciones de persona y número |
Las oposiciones modales así establecidas se corresponden con su comportamiento respecto de las modalidades oracionales: así, la modalidad interrogativa sólo tiene sentido para preguntar por la realidad de los hechos y no cabe aplicarla para lo que ya se estima como ficticio. No tendría sentido, por ejemplo, preguntar *¿Quién cante?
Ocurre también que las diferencias modales se suprimen en beneficio de la más general (la marcada por el indicativo) cuando el contexto manifiesta ya algún elemento que presupone la no realidad de lo comunicado. Por ejemplo, la conjunción si (cuyo contenido implica un condicionamiento) puede eliminar la posibilidad de variación modal:
*Si llueva, nos quedaremos en casa,
*Si lloverá, nos quedaremos en casa.
Se suele decir que los rasgos de significación que separan a cantas de cantabas y cantaste tienen que ver con el tiempo en el que el hablante sitúa la noción denotada por el verbo. Pero el uso de estas formas temporales no es tan simple, porque no indican siempre una referencia concreta y precisa a un momento del tiempo objetivo.
Nuestra interpretación psicológica del transcurso temporal discierne tres zonas:

Reflejando esta concepción del tiempo externo, se han fijado en la terminología tres etiquetas para las formas verbales que señalarían la situación de los hechos que comunicamos en la secuencia temporal: el presente, el pretérito y el futuro.
Pero la referencia de estos tiempos verbales no alude siempre al tiempo real respecto del acto de habla:
Llaman a la puerta. PASADO.
Ahora mismo subo. TIEMPO REAL: FUTURO.
Así, el presente no significa la mera coincidencia de la noción verbal con el acto de habla, sino un segmento temporal en que ese acto está incluido.
Se llama presente histórico al empleo de las formas de presente para aludir a hechos del tiempo real pasado: Colón descubre América en 1492.
El presente habitual se utiliza para referirse a hechos que ocurren periódicamente y que se espera sigan ocurriendo en el futuro: El Ave llega a Jaén a las 17 horas.
El presente gnómico o presente científico se utiliza para denotar acciones a las que no afecta el paso del tiempo, acciones que ocurrían en el pasado, ocurren en el presente y seguirán ocurriendo en el futuro: El sol se pone por el Oeste. La paloma es un ave.
El presente de anticipación denota hechos no ocurridos, pero cuyo cumplimiento se espera con seguridad en el porvenir: En junio me suspenden las Matemáticas.
Del mismo modo, el futuro cantarás y el condicional cantarías no restringen su referencia a los hechos posteriores al momento del habla, sino que pueden señalar una posibilidad simultánea o anterior: Serían las doce cuando Margarita se sintió enferma. Serán ahora las doce más o menos.
Por último, las formas verbales denominadas pretéritos pueden aludir a hechos o nociones que se incluyen en la zona del porvenir real: Llegaba mañana, pero ha tenido un accidente.
Se llama imperfecto de cortesía al uso de esta forma para acciones presentes, especialmente peticiones, a las que el hablante quiere conferir un tono respetuoso: Yo quería una caja de pastillas Juanola.
Por todo ello, Alarcos prefiere el término perspectiva temporal para designar estos morfemas verbales.
Es el morfema verbal más difícil de definir, no sólo porque su significante se presenta amalgamado con el de otros morfemas, sino porque en el aspecto de una forma verbal intervienen también algunos rasgos significativos de la raíz verbal (modo de acción del verbo). No nos vamos a ocupar con detalle de esta última cuestión, pero es conveniente saber que según el significado del verbo, los diferentes morfemas aspectuales cobran un valor semántico u otro. Así pues, un determinado aspecto no produce el mismo valor significativo con todos los verbos, sino que se combina con el modo de acción para producir su significado. El aspecto es un morfema mediante el cual el hablante indica cómo considera el transcurrir de la acción. Es independiente del momento en que se ubica la acción en el eje cronológico. Afecta a la acción o proceso considerados en sí mismos. Las oposiciones fundamentales se establecen entre los siguientes valores aspectuales:
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Perfectivo |
El hablante considera la acción o proceso como acabados, como realizados totalmente. |
Cerré la carpeta. |
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Imperfectivo |
No indica si la acción terminó o se está realizando todavía. La considera en su desarrollo, sin expresión de término. |
Catalina vivía en Valencia. |
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El morfema que indica el tiempo verbal incluye a la vez el aspecto perfectivo o imperfectivo. Estos valores dependen también del significado de la raíz verbal. Los restantes valores aspectuales o bien están implícitos en la raíz verbal, o bien se plasman mediante perífrasis verbales. | ||
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Durativo |
Suele coincidir con el aspecto imperfectivo. La acción es considerada por el hablante en su transcurrir, en su duración. |
Miguel enjabonaba a su hijo. María Jesús y su novio estaban besándose en la entrada. |
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Puntual |
La acción es asimilada a un proceso instantáneo, de duración desdeñable. Es siempre perfectiva. |
Saltó la valla. |
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Incoativo |
Se señala la inminencia de la acción, es decir, el momento inmediatamente anterior a su comienzo. |
Va a tocar el timbre. |
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Ingresivo |
Se indica el comienzo mismo de la acción |
Se echó a llorar. |
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Egresivo |
Se marca el cese de la acción |
Fernando dejó de llorar cuando lo cogió su madre. |
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Resultativo |
Contempla la acción como ya realizada. Es una variante enfática del aspecto perfectivo. |
Tengo escritos dos libros. |
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Iterativo |
Considera la acción como repetida varias veces. |
Disparaba a los cristales del cine. |
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Reiterativo |
Se indica que la acción se realiza de nuevo. |
Volvió a leer el libro. |
La voz (diátesis) hace patente el tipo de relación que se establece entre el significado del verbo y el del sujeto. Muchas veces, la experiencia comunicada comporta un actor de la actividad designada por el verbo, y un paciente afectado por ella. Cuando actor y sujeto coinciden se habla de sujeto agente, cuando no coinciden se habla de sujeto paciente.
Hay lenguas, como el latín o el griego, en que estas diferencias se reflejan en los morfemas verbales. En español no es así, puesto que la expresión de los contenidos activo y pasivo no afecta a la estructura de la forma verbal, sino sólo a la construcción de la oración. Muchos gramáticos actuales identifican incluso las estructuras pasivas con las atributivas; compárense estas oraciones:
Domingo fue vencido.
Domingo fue vencedor.
Con todo, por motivos prácticos debemos seguir hablando de estructuras pasivas perifrásticas y analizarlas como tales.
Tampoco presenta características especiales la forma verbal en las construcciones que se llaman pasivas reflejas: Se construyen casas. El hecho de que el objeto designado por el sujeto (casas) sea en realidad el paciente de la actividad no impone en la estructura gramatical ningún rasgo particular. Se trata de una forma verbal incrementada por la partícula se, que alude a la misma persona designada por la terminación verbal y por el sujeto explícito.
Sucede lo mismo en los casos, denominados a veces de «voz media» o incluso en las reflexivas, de estos ejemplos:
Antonio Burgos se levanta.
Silvia se arrepiente.
Ignacio se lava.
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