
Se incluyen en la conjugación verbal tres unidades que, si bien comportan el mismo lexema que las otras formas del verbo, se diferencian de él por dos rasgos particulares: la imposibilidad de funcionar como núcleo del predicado en una oración (pueden hacerlo en una proposición) y la carencia de los morfemas propios del verbo. Se trata del infinitivo (cantar), el gerundio (cantando) y el participio (cantado), llamados, no sin razón, derivados verbales, formas nominales del verbo o verboides.
El significante del infinitivo agrega al del lexema verbal las terminaciones -ar, -er o -ir. como en cantar, comer, partir. Aunque carece de variación de género y número, los elementos que se refieren a él adoptan el masculino singular, como en: Es necesario trabajar.
Su identidad de función con el sustantivo le permite a veces adoptar el artículo: el comer. Cuando este uso se hace frecuente, el infinitivo se convierte en un verdadero sustantivo, que puede presentar variación de número: los saberes, los andares, los deberes.
El único morfema verbal con el que es compatible es el de anterioridad: haber cantado. A diferencia de las formas simples, que sitúan la noción designada en un momento dado, las compuestas la señalan como anterior a éste: Declaraban haber oído un ruido simultáneo a la vibración, donde la acción de oír es anterior a la acción de declarar.
Su significante lleva las terminaciones -ando y -iendo, como en examinando, suspendiendo, sobresaliendo.
Sus funciones son, en general, las que cumple el adverbio y de este modo aparece como CC en la oración. De los morfemas verbales sólo conserva, como el infinitivo, la expresión de anterioridad: habiendo examinado, habiendo suspendido, habiendo sobresalido. Admite morfemas apreciativos: callandico, corriendito.
La mayor parte de los verbos en español (todos los regulares y algunos irregulares) forman su participio con la terminación -ado (1ª conjugación) o -ido (2ª y 3ª conjugaciones): cantado, comido, partido. Sólo algunos (irregulares) poseen un participio irregular terminado en -so, -to o -cho: impreso, abierto, dicho. En general estas irregularidades vienen de la formación directa del latín. Por último, algunas decenas de verbos, muchos de ellos bastante comunes, tienen hoy dos participios: uno regular, que se usa principalmente como verbo, y otro irregular, utilizado casi siempre como adjetivo.
El participio, sin abandonar su condición de verbo tiene las funciones propias del adjetivo. Como éste, posee variación de género y número y admite gradación. Al igual que el gerundio, el participio también se combina con morfemas apreciativos: Póngame el muslo bien arregladito.
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