
Alfonso Sancho Rodríguez
Ver algunos modelos de gráficos proyectados en clase
Una oración transpuesta a la función adjetiva desempeña en el sintagma nominal el mismo papel que el adjetivo: la función de adyacente. Este tipo de segmentos reciben tradicionalmente el nombre de subordinadas adjetivas o proposiciones de relativo, porque sus transpositores son los pronombres relativos. En el sintagma nominal que hace la función de sujeto en las oraciones siguientes se aprecia la equivalencia funcional de una subordinada adjetiva y un adjetivo: ambos desempeñan la función de adyacente:
Las camisetas cortas muestran el ombligo.
Las camisetas que están de moda muestran el ombligo.
Los pronombres relativos son, a la vez, pronombres y relativos: como pronombres son sustitutos, es decir, representan a un sustantivo dentro de la proposición subordinada; como relativos, relacionan, es decir sirven de transpositor, de partícula subordinante. Este doble carácter provoca alguna dificultad en su análisis, que habrá que resolver con la práctica. Comprobemos, en el siguiente ejemplo, que el transpositor relativo que, como representante de su antecedente (chica), posee, además de la función transpositora, la propia que ejerce dentro de la oración transpuesta: la de sujeto explícito.
La chica que conducía la moto tuvo mucho éxito en clase.
En general, la anteposición o posposición del adyacente adjetivo respecto del núcleo sustantivo determina a éste de dos maneras: en el primer caso lo explica, y en el segundo lo especifica. Puesto que las oraciones subordinadas de relativo equivalen a los adjetivos, también determinan a su núcleo sustantivo de dos maneras y pueden ser especificativas y explicativas.
Las especificativas restringen la referencia sugerida por el antecedente y suelen constituir con él un grupo fónico unitario.
En cambio, las explicativas añaden alguna particularidad que no modifica lo aludido por el antecedente y, por su carácter prescindible, admiten delante de sí una pausa, lo cual justifica el término de “incidentales” que también se les asigna.
En la oración: Las personas que saben inglés tienen más oportunidades de trabajo la oración transpuesta que saben inglés especifica lo que designa el antecedente personas, excluyendo a todas las personas desprovistas de esa habilidad. Por el contrario, en: Ruiz Amezcua, que antes era profesor en este instituto, ha sido trasladado a otro centro, la oración transpuesta que antes era profesor en este instituto no agrega nada que permita reconocer al núcleo al que complementa. En consecuencia, se puede eliminar la oración explicativa sin que el enunciado pierda su sentido: Ruiz Amezcua ha sido trasladado a otro centro. Por el contrario la supresión de una subordinada especificativa modifica el sentido del enunciado: Las personas tienen más oportunidades de trabajo denota una realidad distinta de la que designaba la oración originaria Las personas que saben inglés tienen más oportunidades de trabajo.
Debe observarse que el relativo quien nunca aparece como sujeto de las oraciones relativas especificativas. En el ejemplo siguiente, sería incorrecto decir *El hombre quien toma precauciones no suele tener sorpresas, en lugar de El hombre que toma...
Se ha señalado ya la alternancia de uso entre los relativos que, el que y el cual (con sus variantes de género y número), así como la preferencia por el cual cuando se acumularían demasiadas sílabas átonas si una preposición precediese a que, o cuando la interposición de varias palabras entre el antecedente y el relativo pudiera provocar algún género de ambigüedad:
Es como un boceto sobre el cual se inspirará más adelante.
Tuvimos un hijo y dos hijas cada una de las cuales siguió caminos diferentes.
Por otra parte, los segmentos encabezados con este relativo pueden segregarse como oración yuxtapuesta, con independencia melódica, lo que demuestra el carácter incidental de la oración subordinada explicativa con el cual. Cuando así ocurre, el cual viene a funcionar casi como un demostrativo, esto es, no indica relación sintáctica con el antecedente, sino sólo referencia anafórica.
Abrazó tiernamente a su hijo. El cual se lanzaba a sus brazos nada más verle.
En este ejemplo, el sentido no se modificaría sustituyendo el cual por un demostrativo: Éste se lanzaba a sus brazos...
Las oraciones subordinadas adjetivas pueden, a su vez, sustantivarse, igual que sucede con los adjetivos, siempre que el relativo no sea cuyo o el cual. Esto es lo que ocurre
al omitirse el antecedente de quien,
al anteponerse un artículo a que.
Las proposiciones adjetivas convertidas en sustantivos funcionales pueden cumplir cualquiera de las funciones propias de los sustantivos. Véanse ejemplos de cada uno de estos oficios:
Sólo es feliz quien quiere serlo.
Quien afirma que la verdad no existe pretende que eso sea verdad.
No faltó quien le echara en cara sus palabras.
El que tiene el poder suele hacer lo que le viene en gana.
Somos varios los que pensamos así.
Por allí cruzaba lo que resultó ser una extraña comitiva.
¡Y pensar que había quien atacaba a aquel Director!
A quienes se pusieron nerviosos en el examen los tranquilizó con una sonrisa.
Hay quien genera calor dentro de sí y lo expande y quienes precisan recibirlo de fuera.
Todas las noches he pensado ir a visitar a las que me esperan.
¿Sabes lo que cuesta una plaza en un instituto?
Y a quien se mueva le disparáis un tiro entre ceja y ceja.
Laura dijo al que se sentaba a su lado: “Vete a la porra”.
Y Marta se casó con el que le dio la gana.
Tu jefe dispone de quien quiere.
Tras las inundaciones de Levante se habla mucho de lo que puede la naturaleza.
Se encontraron con lo que ninguna de las tres iba a poder olvidar.
Yo había preparado, para quienes trabajaban a mis órdenes, unas instrucciones detalladas.
Por lo que se oía decir, Manolo era franciscano.
La oración de relativo sustantivada puede desempeñar también funciones de atributo, si bien casi siempre en caso de estructuras ecuacionales. Por ejemplo:
Es el poeta quien suele ver más claro en el futuro.
El siglo XX es el que más se ha escuchado a sí mismo.
Lo que hay que mirar en una mujer es lo que hay dentro de su cabeza.
Cuando, en estas construcciones, el sujeto explícito es un pronombre personal de primera o segunda persona, puede ocurrir que el verbo de la proposición relativa sustantivada en función de atributo adopte la concordancia de persona no con su sujeto sino con el de la oración principal. Así, en este ejemplo de Cervantes: Yo, Dorotea, soy el que me hallé presente a las sinrazones de don Fernando, y el que aguardó a oír el sí que de ser su esposa pronunció Luscinda, coexisten las dos posibilidades: la concordancia de persona (yo - soy - hallé) y la no concordancia (yo - soy - aguardó). Ambas son usos generales, determinados probablemente por la actitud mas o menos afectiva y participativa del hablante, aunque parece conveniente recomendar la concordancia con el sujeto explícito. Otros ejemplos:
No soy yo quien se bebió el güisqui.
He sido yo la que los ha pedido.
*Si es que fui yo la que pedí los cacahuetes.
*Yo fui el que tuve la idea.
La oración de relativo sustantivada puede de nuevo transponerse a adjetivo o a adverbio y funcionar así como adyacente de un sustantivo, un adjetivo o un adverbio. Si en esta oración: Un niño asomó..., vigilando nuestros movimientos con ese rencor sigiloso del que se sabe excluido, consideramos el sintagma nominal ese rencor sigiloso del que se sabe excluido, se observa que la primitiva oración se sabe excluido queda adjetivada mediante el relativo (que se sabe excluido); luego, este nuevo segmento resulta sustantivado con el artículo (el que se sabe excluido) y en último lugar con la preposición de se convierte en adyacente (complemento del nombre) del sustantivo rencor (del que se sabe excluido). He aquí ejemplos de la función adyacente con sustantivo, adjetivo y adverbio:
Tenemos que protegerla contra los desmanes de los que mandan.
Hemos de perdonar al poeta, atento a lo que viene y a lo que se va, que no vea casi nunca lo que pasa.
Yolanda vive cerca de la que se sienta con ella.
A veces, la oración transpuesta por el relativo debe ir precedida de la preposición exigida por su oficio oracional, al mismo tiempo que el relativo requiere otra preposición a causa del papel que desempeña respecto del verbo subordinado. Suele evitarse la concurrencia de las dos preposiciones cuando son iguales. Véase este ejemplo:
Lanzó insultos feroces a quienes él consideraba intelectuales estúpidos.
La preposición a afecta, de una parte, a toda la oración transpuesta a quienes él consideraba intelectuales estúpidos (como objeto indirecto que es del núcleo lanzó), y de otra, es indicio de que el relativo quienes cumple la misma función respecto del verbo consideraba. Podría haberse escrito: Lanzó insultos feroces a aquéllos a quienes él consideraba intelectuales estúpidos, evitando la superposición funcional en a. En estos versos de Luis de León: No quiero ver el ceño / vanamente severo / de a quien la sangre ensalza o el dinero, algunos manuscritos eliminan la segunda preposición (de quien, o del que); pero de señala el oficio que respecto al sustantivo ceño desempeña toda la oración subordinada siguiente, mientras a discierne el papel de complemento directo que cumple el relativo quien respecto del verbo ensalza. Sería equivalente (en cuanto a la sintaxis, no a la poesía): El ceño de aquél a quien ensalzan la sangre o el dinero.
Cuando el núcleo verbal de la proposición de relativo es complejo, como en las perífrasis con poder, deber, etc., seguidos de infinitivo, suele reducirse al derivado verbal, que queda así en contacto directo con el relativo sin que ello signifique especial relación:
No tenía un mal mendrugo que llevarse a la boca(=que pudiera llevarse a la boca).
Todavía tenemos algo que decir (=que debemos decir).
No conoce persona alguna de quien valerse(=de quien pueda valerse).
Buscará una nueva amiga con la que entretenerse (=con la que pueda entretenerse).
Te hace falta un protector a cuya sombra medrar (=a cuya sombra puedas medrar).
En algunos de estos ejemplos, si se omite el antecedente, puede sustituirse, como en los casos anteriores, el relativo por el interrogativo tónico correspondiente:
No tenía qué llevarse a la boca.
Todavía tenemos qué decir.
No conoce de quién valerse.
Un paseo daba en qué pensar.
Buscará con quién entretenerse.
Naturalmente, con cuyo y el cual no cabe pasar a este tipo de construcción, puesto que esos dos relativos requieren siempre la existencia del antecedente.