
| Tres euritos y un rey
godo
Lo he leído en los informes de la sociedad estatal para la adaptación al euro o de las organizaciones empresariales; se lo he oído a Rodrigo Rato; pero hasta ahora no me lo he creído. Ahora es cuando de verdad me consta que el euro
está perfectamente integrado en nuestros hábitos. De momento ya hay
chistes sobre el euro. Las realidades no existen hasta que el
español las incorpora a sus chistes. La Monarquía, por ejemplo, no
estuvo de verdad restaurada y consolidada hasta que empezaron a
circular chistes sobre el Rey, a quien por cierto le encanta que se
los cuenten. Ahora, cuando todo el mundo ha empezado a saber Aunque la máxima constatación del curso real de la nueva moneda la acabo de obtener de una fuente para mí tan importante como The Wall Street Journal: un limpiabotas, lo que en mi pueblo llamamos un betunero. En mi pueblo aún quedan esos centros culturales refinadísimos que son los salones de betunería, donde no solamente va uno a lustrarse los zapatos, sino, en charlita con el limpiabotas, a saber cómo va el mundo. En la Puerta de la Carne sevillana, que para mí es como decir en el parqué de la Bolsa, el euro acaba de obtener carta de naturaleza. Mientras te limpias los zapatos, el betunero te habla de cómo va el Betis (...) y al final, cuando ha terminado y le preguntas cuánto es, confirmas que la moneda única está más arraigada que lo que señalan todas las encuestas macro y microeconómicas. Porque el betunero te dice: ―Son tres euritos... Ahora es cuando de verdad me creo que esto marcha. Cuando para los limpiabotas cien duros son tres euritos, con el diminutivo afectuoso. El euro es una cosa distante, impuesta por el Banco Central Europeo, al cambio, por los alemanes. Pero el eurito sí que es nuestro. Suena como a “durito”. Lo que no sé es cómo resultará en tierras que no hacen el diminutivo en “ito” sino en “ico”, por ejemplo en el antiguo reino de Aragón o en Granada, la tierra del chavico. Allí escribes como mayúscula el diminutivo de la moneda y es que te sale un rey godo: Eurico. Mejor. Algo de recuperación de nuestra identidad histórica tenía que haber para compensar tanta entrega de nuestra cultura como sacrificio en el altar del europeísmo. Antonio Burgos |
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a) Explique las relaciones sintácticas que se establecen entre las oraciones del siguiente fragmento: La Monarquía, por ejemplo, no estuvo de verdad restaurada y consolidada hasta que empezaron a circular chistes sobre el Rey, a quien por cierto le encanta que se los cuenten.
b) Explique el valor morfosintáctico de los pronombres siguientes:
1. hasta ahora no me lo he creído.
2. Las realidades no existen hasta que el español las incorpora...
3. el Rey, a quien le encanta que...
4. al billete de 500 le llaman...
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a) El periodismo español del siglo XX.
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